mar
29
2007

En este compendio de biografías de fotógrafos clásicos, Berenice Abbott es la segunda mujer en la historia de esta disciplina. Rotulada como la “fotógrafa documentalista“, a lo largo de su carrera esta artista estadounidense se dedicó al retrato de New York y estudios físicos a través de la fotografía.
Dicen que nació en Springfield en 1898, cuando el siglo daba a su fin. Como muchos de los grandes fotógrafos de su época, cayó detrás de la lente casi por casualidad.
Luego de una breve estancia en New York, Abbott cruzó el amplio océano para estudiaresculturay dibujo en Berlín y París. Establecida en París, trabajó como asistente del estudio fotográfico de Man Ray, allí aprendió la técnica y conoció a Eugène Atget, otro famoso fotógrafo de quien tomó el estilo para el proyecto de documentación de la urbe newyorkina.
En esos años, Berenice se codeaba con personalidades del mundo del arte como Marcel Duchamp y llegó establecer su estudio de retratos donde fotografió a James Joyce, Coco Chanel, Mark Enest y Jean Cocteau, entre otros. París también le daría sus primerasexposicionesindividuales y su participación en el Salón de los Independientes, hito de la vanguaria artística de la época.
En una visita a New York, se deslumbró con el cambio arquitectónico que los altos rascacielos producían, decidiendo quedarse para documentar el antes y después de la huella moderna en la urbe. Así fue como nació su obra más conocida: Changing New York, un completo documento fotográfico, similar al trabajo de Atget en París.

Su vida personal también estuvo marcada por algunas controversias: tras presumir de su condición homosexual durante años, al final de su vida negó su lesbianismo. Lo cierto es que entre sus amantes se cuentan la modelo de artista Tylia Perlmutter y la escultora Thelma Wood.
Durante dos décadas su trabajo fotográfico se enfocó al estudio de fenómenos físicos, fue así como nació la exposición La imagen de la física, compilado de tomas realizadas para el Comité de Estudios de la Ciencia Física.

Hacia el final de su vida, alejada del mundo, se mudó a Maine, donde vivió hasta los 93 años.
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fada