
Muchas veces, caminando por distintos destinos, encontramos una situación, una imagen única e irrepetible, algo que tenemos la necesidad absoluta de fotografiar y quedarnos para siempre con esa real pintura…
El problema llega cuando advertimos que no tenemos la cámara, y recordamos que preferimos no llevarla por seguridad.
Es muy lógico que guardada en casa estará más segura, pero nos perderemos de captar muchas cosas sin ella.
Esto suele pasar cuando poseemos una cámara de índole más profesional, más robusta y más difícil de disimular.
Cuando las demás cámaras digitales son fáciles de meter en un bolsillo, las otras (digitales o analógicas), requieren de otros cuidados, por su peso, por su tamaño y por su delicadeza.
Sabemos que en el mercado existen infinidad de bolsos fotográficos de marcas conocidas (Canon, Nikon, Pentax), con compartimientos para todos los accesorios del equipo, muy cómodos y muy prácticos…pero en ocasiones, también muy evidentes.
Seguramente debemos disponer de uno para transportar la cámara en diferentes ocasiones en los que la seguridad no es un problema, o eventos, sesiones, etc…
Pero para esos momentos en los que no tenemos certezas de seguridad, y en los que quizás nos invade un mal presentimiento, podemos buscar otra opción con tal de evitar que termine en manos ajenas…
Entonces bien, lo primero será buscar una mochila o bolso común, que no llame la atención, mas que la que llamaría cualquiera en la calle que use el mismo. Tiene que ser amplio, pero más bien compacto para contener más y dar más seguridad.
Lo siguiente es “forrarlo”, o sea, recubrir su interior con algo que amortigüe ante posibles golpes (los bolsos profesionales vienen acolchonados), para esto podemos usar una toalla (seca y limpia, si es posible nueva), una franela o algo por el estilo, y recubrir los laterales, el fondo y dejar un sobrante a modo de “tapa”, para luego terminar de cubrir la parte superior antes de cerrar la mochila o bolso. Debe estar bien colocado, para permitir sacar y volver a poner la cámara sin necesidad de acomodarlo cada vez, al menos hasta llegar de vuelta.
La primera prueba se hará en casa, una vez colocada la cámara en el interior del bolso y acomodada, deberemos probar si esta lo suficientemente segura, para esto tendremos en cuenta lo siguiente: no debe quedar presionada, pero tampoco con mucho espacio que le permita rotar y terminar en mala posición. El bolso o mochila debe soportar bien su peso para que nos permita llevarlo de una manera cómoda y sin dar a entender que llevamos nada importante dentro.
Si hacemos esto, será muy difícil adivinar que llevamos dentro, y estaremos cuidando la seguridad de nuestra valiosa cámara, con la posibilidad de hacer fotografías de incógnito en lugares en los que antes no podíamos.
Publicado por Mariana en Consejos Prácticos el 23 Enero, 2007






























