Muchas veces nos encontramos frente a una situación que precisa ser fotografiada con poca luz, dando notoriedad a las siluetas, a los tonos bajos, a la dominación de las sombras, haciendo maravillas con muy poca luz…
A veces es nuestra decisión hacer este tipo de imágenes sin mas fuentes de luz, o sin la utilización de un flash, por ejemplo, pero también hay veces en las que no tenemos mas opción que trabajar así, o por temas diversos, o porque la imagen así lo amerita.
Para cualquiera de estos casos, deberemos usar velocidades muy bajas de obturación, por lo que se expondrá la imagen por mucho más tiempo, y esto esta sujeto a mucho margen de error, puesto que cualquier movimiento se registraría arruinando la fotografía.
Si contamos con una cámara digital, donde ver el resultado y poder repetirlo, no será tan grave como usando una cámara mecánica, en la que la sorpresa nos la llevaremos mucho después…
Muchos temen a las bajas velocidades, pero si bien son difíciles, hay medios para aprender a conocerlas y a relacionarse con esta metodología de trabajo, que una vez adquirida, nos dará grandes satisfacciones.
Es preciso entonces, para obtener buenos resultados, mantener la cámara absolutamente quieta a la hora del disparo, para esto podemos valernos de un “Trípode“, que la dejara quieta donde decidamos. Los hay de diferentes Modelos, en diferentes alturas y de diferentes marcas (Nikon, Canon, etc…).
La problemática quizás sea en ocasiones el precio (aunque hay algunos bastante accesibles), o las dimensiones, que si bien son plegables algunos son pesados y ocupan mas espacio inclusive que la cámara misma, complicando según la ocasión, su transporte.
Una posible opción seria usar los “Monopie“, algo así como bastones plegables, el que nos servirá, no para “sostener” la cámara, sino para buscar el equilibrio manobriando sobre el eje del mismo con el suelo.
Si en determinado momento no contamos con ninguno de estos elementos en el momento de la foto de nuestras vidas, y es completamente necesario trabajar a muy baja velocidad, haremos lo que todo buen fotógrafo debe hacer: improvisar…
Deberemos entonces buscar recursos como: dejar la cámara sobre alguna superficie que nos de suficiente seguridad para no solo soportar su peso, sino también para dejarla quieta y completamente derecha, ya que algún declive nos puede resultar en un horizonte caído.
Para los mas valientes esta la opción de “quedarse quieto”, con la cámara en las manos mientras se toma la fotografía a baja velocidad. Si bien es mas arriesgado hay dos factores a tener en cuenta que pueden dar muy buenos resultados.
Es algo por demás obvio que lo primero que nos juega en contra es la respiración y nuestro pulso, pero hay manera de controlarlos.
Lo primero que se supone hacer es inhalar y contener el aire para luego hacer la imagen, pero esto es incorrecto.
Al contener el aire se nos infla el pecho, y la sangre bombea más rápido lo que dará en pulsaciones más fuertes que podrán corromper la imagen.
Lo que es correcto y debe hacerse es respirar profundamente y liberar todo el aire, y en el momento justo entre la exhalación y la nueva inhalación, hacer la foto, ya que es el momento en el que estamos en una especie de “suspensión”.
Otro buen aporte a la hora de manejarnos sin incorporar otros recursos, es apoyar los codos sobre alguna superficie plana o en los costados del torso formando dos ángulos que soporten la cámara firmemente, no tensa ni fuertemente ya que esto podría producir movimientos involuntarios.
Combinando estos dos conceptos con la práctica y la paciencia, los resultados serán muy positivos.
Publicado por Mariana en Consejos Prácticos el 2 Febrero, 2007






























